domingo, 9 de abril de 2017

El masajista

Esa mañana, esperaba mi turno para el masaje terapéutico en aquel Spa, cuando de repente entra una mujer realmente hermosa, cuerpo de reloj de arena, cabellos largos que cubrían la desnuda espalda, cutis de porcelana y mirada de guerrera.
Su vestido ceñido denotaba sus perfectas curvas, en armonía con toda su belleza artística.
Yo contemplaba, y a la vez me comparaba con ella, soy pequeña, cabellos cortos y escasos, mi cuerpo es armónico pero no llamativo, mi cutis manchados por el sol de mis años juveniles en tantas playas... Imaginaba al masajista que daría terapias a esa joven y así vagaban las ideas y la imaginación florecía... en eso me llaman para la terapia.

Entre al pequeño cubículo, semioscuro, música relajante y olor a manzanillas, solo ver ese ambiente, mas la imaginación que ya había surgido, mi cuerpo se torno nervioso y ansioso.
Cuando llego el masajista, vi a un muchacho joven, de belleza armonizada y de voz tan juvenil como masculina, eso inquieto aun mas mi estado de nervios, productos de imágenes e ideas, concebidas en la sala de espera.

Durante el transcurso de la terapia y el contacto de sus manos en mi piel, transmitieron una carga de energía sensual, misteriosa e incontrolable para los dos; masajista y paciente, alcanzando nuestros cuerpos el equilibrio y la necesidad del placer entre un hombre y una mujer.

Aquel maravilloso y hermoso momento, determino el intercambio de dos cuerpos anhelantes de vivir lo que muy pocas o ninguna vez sucede y nosotros lo vivimos

Entonces comprendí que no solo la belleza, el cuerpo artístico y provocador, pueden ser objeto del deseo y la pasión, sino que también se logra con la energía y los pensamientos dirigidos a descubrir el maravilloso placer de nuestro cuerpo, con todas sus imperfecciones.

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